20 feb. 2016

Se desdibuja su sonrisa, se apaga. Tiene prisa por irse, lejos, a donde nadie pueda ya alcanzarla. Un lugar del que nadie vuelve, pero que ya no la tenga encerrada. Se entierra en errores que no tienen vuelta atrás, y guarda cada herida bajo un manto de sonrisa brillante y una colección de no pasa nada. Se aleja, se está yendo, quiere volar. Y el abrazo que antes la guardaba ahora le quema, porque quema la culpa y la culpa es condena. Porque ella va a explotar, se va a romper en mil pedazos, y nadie puede estar cerca. Pero ahora, en un grito sin pelea, ella se ahoga, ella no despierta. Le abrio la puerta a todo lo que la sostenia, las caras se dan vuelta, nadie la mira, nadie la abraza. Las heridas sangran y esa es su paz. Porque si no hay abrazo, no está su voz. Percibe todo el odio que merece, el espejo le devuelve horror. Y la lista de defectos alcanzo un tramo incorregible. Porque ama, ella ama con todo su corazón, pero todo lo que elige se vuelve mugre en un rincón porque ella no lo vale y no sabe cuidar una rosa porque todo su corazón ya es espina. Ojalá se apague pronto, para no doler.

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