25 nov. 2012

Renacimiento.

Ya no me viene a la mente tu cara cuando escucho tu nombre. No dudo de esa fidelidad estúpida que te tuve cuando me preguntan ¿Tenés novio?. No necesito darte celos, no lo pienso, ni me pongo celosa. No espero encontrarte, no quiero cruzarte. No estás arriba de cada auto azul, ni en cada esquina del barrio. Ya no estiro el cuello para buscarte en la multitud. Ya no me apoyás en lo que más quiero, ni soy tu mayor fan. No espero que me hables primero, ni siquiera te quiero hablar. No hago las cosas de cierto modo para que te gusten o te sorprendan, las hago como se me da la gana. No me interesa saber con quién estuviste ni con quién vas a estar. Ya no te nombro. Olvidé el sonido de tu voz.
No fui yo la que no supo diferenciar entre amor y amistad, y estoy orgullosa de haberle puesto a esta historia un punto final. Estaba desequilibrada, eras mi Dios, mi centro, mi eje, y por eso yo estaba desorbitada. Me hacías mal. Me enfermabas. Yo daba todo de mi, y a cambio no recibía casi nada. Y eso provocaba un desequilibrio que me hacía ser esa loca que dijiste que era muy difícil de manejar. Como fui con vos no seré nunca con nadie, sea eso bueno o malo. Cuando te solté me costó encontrarme a mi. Meses intentando lograr esto, el alejamiento absoluto, cortar, nacer. Tuviste que desaparecer completamente, hacerme invisible, para hacerme el mayor bien que me hizo alguien en la vida. Cuesta construirse desde cero, pero esta vez quiero que sean fuertes los cimientos. No se porque te quería tanto. Recuerdo lo que decía, pero no lo que sentía en el pecho. Suenan bien las palabras que yo escribía hace un mes, pero ya no es un sentimiento. Soy una mejor persona ahora que no soy por vos y para vos. Mataste la séptima parte de tu alma, que habitaba en mi, y dejé de actuar como vos. Todo ese tiempo que pasábamos juntos solamente me enseñaste cosas que hoy me doy cuenta de lo asquerosas que son; a discriminar, a hablar sin saber, a prejuzgar, a lastimar. Y yo me reía de lo que hacías, pero hoy me doy cuenta que solo contribuí a la creación de un monstruo. 
Hoy soy libre al fin. Ya no me pregunto que pensarás vos antes de tomar una decisión. No necesito contarte cada una de mis alegrías para que se sienta un poquito más real. No lloro frente al monitor buscando tu palabra de aliento. No me hago ni dejo de hacerme daño por algo que vos me dijiste. No espero que te sientes en el público para empezar a cantar. Me está costando mucho construir una nueva nación sobre estos escombros que dejaste, pero la Vicky que nace ahora está mirando un poco más para adentro, mucho más para adelante. Me estoy queriendo, cuando vos con dos palabras lograste que me odiara hasta querer morir. Nunca más mi vida va a depender de un individuo que poco sabe vivir. Porque sos muchas cosas que no voy a empezar a enumerar porque no tiene sentido, porque ya no busco hacerte un bien, un mal, enseñarte o verte, busco mi bien. Y el de otros amigos, que quieren lo mejor para mi, también. Pero ya no voy gritando tu nombre, ni escuchando tu voz en mi cabeza. Me abrí a la gente y a todas esas cosas a las que me obligaste a cerrarme. Nunca fui consciente del daño que me hacías  hasta hoy que estoy viendo todo desde afuera, y es diferente.
Estoy naciendo de vuelta. Toque fondo, me impulsé y acá estoy. Sencilla, decidida, calmada, sonriente. La misma loca de siempre, un poco más perdida y curiosa, completamente desenamorada. Abierta a todas las nuevas experiencias, a la vida, al verdadero amor, a la luz del sol, a no escribirte nunca más. Adiós.

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