12 may. 2015

La nena grande.

Se despierta, siempre sola. Aun es de noche. Le duele la cabeza. Siempre le duele la cabeza al despertar. Mira el celular. Seis y media de la mañana. Se viste, sin mirarse al espejo. Prende la televisión para ver el clima. Desayuna frente a la computadora, si es que le dejaron algo para desayunar. A veces cree que nadie se acuerda de que ella existe. La pasan a buscar. Su tio y su primo, para ir al colegio. El niño siempre le da un abrazo, más fuerte cuando la nota triste. El adulto le pregunta todas las mañanas lo mismo y la felicita por llegar hasta donde llego. Rien, escuchan la radio. Vale la pena despertarse.
Llega a clase, siempre un poco temprano. Sus amigos via mensaje le desean un buen dia. Sus compañeros la consideran una de las mejores alumnas. Está en una hermosa cuenta regresiva de conseguir el título que tanto esfuerzo y tiempo le viene llevando. Se siente con energía. Pero está sola. Todos entran riendo, y en grupos. Todos planean sus fines de semana juntos. Y ella espera a que comience la clase. Los profesores la conocen. Sus calificaciones están arriba del nueve. Solo es cuestión de tiempo. No tiene plata para el desayuno, no tiene plata para viajar, no tiene plata para fotocopias. Pero ella va a lograrlo de todos modos. -Queda un mes-, se repite. Vale la pena venir. 
Llega a casa. Nadie la saluda al entrar. Nadie le pregunta como le fue. Se sienta en la computadora; tal vez del otro lado haya alguien a quien poder contarle algo. -Mamá, sabés que?- vuelve a decir con los ojitos brillantes, emocionada de lo bien que le va por las mañanas, queriendo hace demasiados años hacer sentir a su familia orgullosa. Como si fuera una nena grande, con emociones que sacar. *La felicidad solo es real si es compartida*. Pero igual que siempre, desde que tiene memoria, desde que nacio... mamá no quiere escuchar. -No me importa, callate, sos una mierda- son algunas de las respuestas que ella recibe en su dia a dia. Excepto cuando necesitan algo, siempre necesitan algo. En ese momento la tratan con dulzura, le hablan despacito, le dicen *Vicky* suavecito, como le gustaría que lo hagan siempre. Pero ella no sabe todo, ella no puede siempre. Y entonces la dulzura desaparece de un golpe, un golpe en su cara, como si otra vez fuera una nena. La nena. -No servís para nada, por que no te vas?-. Almuerza con papá, pero papá es invisible. Papá no pregunta, papá no escucha, papá se queja de cosas triviales y sabe que tiene una mala hija porque su mala hija no le hizo el almuerzo. Mala hija. -¿Cuando vas a hacer algo de tu vida, mala hija?-. Porque estudiar no cuenta, estudiar no es redituable, estudiar no los ayuda, estudiar no compra la felicidad. -¿Cuando vas a trabajar?-. Aprendió a decir -Si Papá- como si no doliera. -Si mamá- como si las lágrimas no la estuvieran quemando por dentro. Y duerme, duerme. Duerme toda la tarde, no quiere salir de la cama. No quiere volver a verlos por varios dias, pero asi no funciona. Suena el telefono, una y otra vez. Y ella es una mierda, una egoista, una insensata por no atenderlo. 'El mundo del revés es esta casa', piensa, 'y este mundo está en mi contra'. A la hora de la cena no la llaman a cenar, a la hora de sentarse no le hacen lugar. Ya no es parte de esta familia, es sapo de otro pozo entre sapos de su propia sangre.  -No pensas cenar? Mejor. Estás muy gorda-. Se mete en la cama. Pero no logra dormir, porque su familia olvido que ella existe y tiene responsabilidades. Su hermano escucha musica a todo lo que da hasta altas horas de la madrugada. El ni estudia ni trabaja, pero para mamá está bien. Pero que ella solo estudie y no pueda pagarse las fotocopias, es casi un crimen por el que la han echado de casa un par de veces. Mamá habla por teléfono, anda, va, viene. Grita, hasta las 4 de la mañana. Las luces de toda la casa prendida, ella tiene frio, tiene sueño, llora. Y así pasan sus días, sin dormir, sin comer, sin sonreir, sin un abrazo, sin nadie que la escuche. ¿Vale la pena vivir así?

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