21 jun. 2009

Cicatrices

Aun hoy, tiempo que ha sido suficiente para que se borraran la mayoría de las cicatrices de la piel, quedan en el alma, la mente y el subconsciente, cicatrices que duelen, que se ocultan, pero al verlas o tocarlas, duelen. Me dan seguridad de saber que están ahí, siempre.
Incluso leyendo, mis cicatrices vibran, arden. Porque leer, escuchar música, trae recuerdos. "Esa es la música que escuchaba internada, ese es el libro que me regalaron cuando enferme". O cosas, ocurrencias de los libros que nos hacen identificarnos y volver a llorar [Los ojos del perro Siberiano].
Son recuerdos, son imágenes, son palabras. Que probablemente duelan más que muchísimas punciones óseas juntas.
Estas cicatrices no se borran con cirugías, ni se disimulan con cremas. Pero tampoco se ven todo el tiempo, y a veces resulta "curioso" el momento en que arden; cuando veo en una película en la que hay alguien internado, en una camilla de hospital junto a su acompañante, no puedo evitar verme a mi misma con mi mamà a mi lado, sufriendo las dos. La cicatriz se pone roja, arde, pincha, duele.
Cuando veo a un hombre llorar, masculino, inquebrantable, y a la vez tan frágil, lo veo a mi Papá, mi figura invencible, intocable, el que tenia la fuerza para soportar todo, el que nos abrazaba sin preocupación y nos sacaba los miedos, el de la sonrisa eterna. Y lo recuero caído, llorando. La primera vez que lo vi llorar, cuando yo estuve internada. Mi Papá cambió mucho desde lo que me paso a mi, y nunca volvió a ser " ese hijo de más " que mi mamà decía tener. Envejeció de repente, envejeció triste, ya no es más invencible.
Y mi mamà, verla junto a mi, acostada en un catre viejo, incomoda, solo para cuidarme, soportando las miles de veces que descargue mi ira contra ella y lo culpable que nos sentíamos las dos, por todo.
También pienso en mi madrina/tía, la mejor de todas. Me apoyo muchísimo. Creo que sus abrazos tienen algo especial. Es la única persona que pude y podré abrazar sin querer alejarme, sin sentirme incomoda. Sus abrazos fuertes me contuvieron, y se que lo volverían a hacer si alguna vez lo necesito de vuelta. Así como también escucharme.
También parecen cercanas las llamadas de mi hermano que sin egoísmo ni intención, quería a su familia de vuelta en casa. Aunque nunca lo haya dicho, yo lo se.
Pienso, también, en las personas que llamaban y nunca atendí, el dolor de todos los que ignore. Tal vez envidiándolos, tal vez odiándolos, solo por ser yo la que estaba internada y no ellos. No haber podido pasar con mi Papá ni el día del padre ni su cumpleaños, así como tampoco haber tenido la fuerza para llamarlo, eso también dolía, y sigue doliendo.
Ver llorar a mi mamà cuando creía que yo no podía verla o que no le prestaba atención, hablar por teléfono acerca de mí creyendo que yo dormía. Y al final termine sufriendo en silencio, intentando soportar todo yo sola, en mis hombros, para no perjudicar a nadie más.
Negarme a mi misma información por creer que de esa manera seria más fácil afrontar todo. Levantarme y acostarme con la palabra transplante en la mente ya eran suficiente tortura, entonces no quise recibir mas información que la que yo solicitara expresamente.
Hay circunstancias físicas, que duelen a nivel social como el haber estado pelada o el haber subido tanto de peso, que desestabilizaban la salud emocional, pero lo que mas duele es el dolor de los demás.
Me veo reflejada cuando hablan de lucha, de fuerza, pero no por mí. Porque yo no tenía fuerza, yo no quería seguir. O tal vez si. Pero alguien, o muchas personas, me empujaron. Me abrazaron y me forzaron a llegar, no en mi contra pero tampoco con mi consentimiento. Me alzaron y así llegue hasta acá. Un poco mi familia, un poco mis amigos. Yo tenía las piernas quebradas, ya no quería seguir. Es inexplicable el sentimiento de cansancio y abandono que uno puede llegar a sentir hacia si mismo. Uno se autocalifica como una mierda cuando se ve enojado, triste o sin ganas, porque esta despreciando todo el esfuerzo de los demás, esfuerzos que tal vez ni siquiera sea esa la palabra, porque para ellos no era así, pero para mi eran gestos maravillosos, simples como cambiar la fecha de la fiesta del día del amigo para que yo pudiera estar ahí, considerarme.
Y lo mas cómico, a falta de una palabra mas adecuada, es que después uno sufre por cosas totalmente superficiales, después de haber rosado desde los limites del dolor hasta la muerte.
Tal vez estas cicatrices nunca se borren. Tal vez a mis amigos les quede solo el mal recuerdo. Tal vez mi familia pueda recurrir a la memoria selectiva y recordar solo la superación, el final, la sensación de descanso y plenitud que les dio el día que termino todo (si es que ese día alguna vez existió). Yo no, el dolor fue y será mi cicatriz, y la voy a llevar encima de por vida. A veces más expuesta, a veces más escondida. Pero ahí va a estar.

2 comentarios:

  1. Anónimo2/7/09 22:30

    y el dolor de esa cicatriz es lo que te da fortaleza, y comprensión hacia el dolor ajeno.....
    Tristes, desgarrantes, tus escritos. Pero tan espontáneos y buenos!!!!!!!!!!!!!! Me emocionaron mucho
    Clau

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  2. Quiero comentarte algunas cositas.
    Me enganché mucho con tu blog, realmente estoy leyendolo todo... un poquito cada día.
    Me sorprendí al conocer tu edad, realmente tenés una manera de escribir y de transmitir excelente.
    No porque "ser genial" sea tema de edad pero uno a veces cae en esos prejuicios sobre la adolescencia, la adultes y sarasaeses por el estilo. =)
    Recomendé tu blog a unas amigas y les encantó, les dije que podían rescatar millones de frases y relatos en los cuales (como yo) sentir esa identificación, un reflejo del momento o de nuestra personalidad. Y estuvieron de acuerdo.
    Entendí cada vez más tu forma tan particular y linda de escribir cuando fui conociendo (por decirlo de alguna forma...) tu historia. Ahora me cierra todo! Hay que pasar por esos límites para crecer, poder valorar y expresarse de esta manera. Siempre digo y seguiré sosteniendo que esas cicatrices nos hacen ser quienes somos... no por nada tus amigos y tu familia estaban a tu lado... te lo merecías seguramente.
    Admiro también tu tono irónico y/o humorístico ante ese sufrimiento, tu capacidad para tomarlo como un aprendizaje y no para "dar lástima" ESO ES MADURAR! Y es un paso más que genial (estoy media lenta con los sinónimos... jajaja)
    Te Felicito.
    Abrazo.

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