17 mar. 2013

El brillito en tus ojos cuando te ataca la curiosidad, lo infantil de tus gestos cuando te cuento historias de brujería, tu súper sonrisa cuando suena una canción que te gusta en el boliche a las 3 y media de la mañana, tu sonrisa a medias llena de lágrimas cuando suena esa canción, la fuerza de tu abrazo cuando más lo necesito, la flojito de tus brazos cuando vos lo necesitás, la seguridad con la que hablás de mi, lo poco que creés en vos. La manera en que te mordés la boca y jugás con tus dedos cuando estás nervioso. La forma en que me miran tus ojitos marrones cuando alguien dice algo que solo vos y yo podríamos lograr entender. Tu enojo cuando soy mala ganadora, o cuando sos mal perdedor. Tu sufrimiento ante mis ataques de cosquillas. El amor con el cual hablás de tus perros. El cariño que le tomaste a un chiquitito en especial. Tu manera de descubrir cosas nuevas. El hecho de que nunca digas que no. Tus miedos, tus confesiones. Tu respiración cuando hablamos en serio. Las carcajadas eternas cuando hablamos tonterías. Los espacios vacíos cuando sabés que estamos haciendo algo mal. El 'cambiando de tema' cuando no querés hablar más. La manera en que me das la mano, la manera en que me la soltás. Los 'no se', los 'ya fue'. Todo eso que te guardaste, todo eso que nunca pusiste en palabras. Lo mucho que te conozco, lo fuerte que te quiero, mi inseguridad que no me deja decir lo mismo de vos, tus sentimientos resumidos en un 'no es necesario decirlo, ya se sabe', tus excusas para con tu vida, mi alma entre tus alas, el que dirán...
Estoy hablando por hablar.

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