17 sept. 2013

—Pensaba que eras distinto.
—Julia, no es culpa tuya.
—¿No? —dijo poniéndose de pie—. No tengo un fondo de inversiones, Campbell. Mi padre no tiene un yate. Si estabas cruzando los dedos, esperando que me transformase en la Cenicienta un día de éstos, estabas muy equivocado.
—No me preocupa nada de eso.
—Y una mierda —exclamó estrechando los ojos—. ¿Qué pensabas? ¿Qué sería divertido rebajarte? ¿Lo hiciste para cabrear a tus padres? ¿Y ahora puedes deshacerte de mí como si nada?
Se me echó encima, cogiéndome por el pecho.
—No te necesito. Nunca te he necesitado.
¡Pues yo sí que te he necesitado! —le grité.
Cuando se daba la vuelta la cogí y la besé. Cogí lo que no me atrevía a decir y lo derramé dentro de ella.
Algunas cosas las hacemos porque nos convencemos de que será lo mejor para todos. Nos decimos que es lo correcto, lo altruista. Es mucho más fácil que decirnos la verdad.
Alejé a Julia de mí. Bajé por la colina del cementerio. No miré atrás.

La decisión más dificil, Jodi Picoult.

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