18 oct. 2010

Desde la sala de Espera.

Adentro del hospital, somos todos iguales. E incluso, a esta altura, puedo decir que lo extrañaba; el ruido del metegol y los chicos tan llenos de vida, parecieran ajenos a lo que pasa alrededor y a pocos metros. El colorido de la sala y los conocidos de siempre que siguen acá; médicos (¡que los hay muy lindos!) y pacientes, como yo. Todos luchamos por lo mismo en este lugar, en igualdad de condiciones. El cáncer no distingue raza ni clase social. Esto es parte de mi vida. Mi pasado empezó acá. Sin hospital no habría un hoy, un presente. Y extrañaba recordar, porque no tengo miedo, lo recuerdo con la alegría de que acá, (y en el Austral de Pilar), volví a nacer. Recuperé mi vida. Peleé mi batalla, de la cual llevo cicatrices pero gané el premio mayor; mi vida. Esta bueno seguir viniendo al Hospi, no dejarlo atrás. Es mi vida. Una parte que alguna vez quise dejar atrás y hoyestoy orgullosa de haber vivido. Podría decir muchas cosas más pero no tendría sentido. Además, escribo esto desde la sala de espera, y ya me llaman para sacarme sangre. Vamos a hacerlo con una sonrisa y saludando a todos los enfermeros, otra no hay.

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